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Conozca a Meghan...

Meghan

Como muchos estudiantes universitarios, Meghan pensó que sólo estaba lidiando con “Los 10 de primer año” cuando ganó unas libras extras en su segundo año. Pero cuando fue a casa durante el Día de Acción de Gracias, su madre insistió en que viera a un médico. Los resultados de los análisis fueron inconclusos, por lo tanto, Meghan regresó a la universidad.
                                                              
Meghan siguió ganando peso y ya no tenía la energía para llevar su típico estilo de vida activo. Ella pasaba la mayor parte del tiempo en el sofá lo cual era inusual en chicas tan activas como Meghan. Ella llamó a su madre para que la llevara a casa porque estaba demasiado débil para finalizar el semestre.

Su médico de cabecera la admitió en el hospital y Meghan ingresó la mañana siguiente cuando había una cama disponible. Su hemoglobina estaba tan baja que cuando se levantó de la cama se desmayó. Le hicieron varias transfusiones de sangre y le dieron altas dosis de esteroides para combatir los síntomas. Luego vino el diagnóstico alarmante: Meghan tenía púrpura trombocitopénica trombótica (TTP, por sus siglas en Inglés)/Síndrome Urémico Hemolítico (HUS, por sus siglas en Inglés). TTP/HUS es un desorden raro de la sangre que causa que se formen coágulos sanguíneos en los pequeños vasos sanguíneos del cuerpo y que lleva a un conteo bajo de plaquetas, frecuentemente dañando los riñones.

Las tarjetas, cartas y correos electrónicos inundaron su habitación cuando empezó el tratamiento de quimioterapia. Ella recibió transfusiones de plasma (hasta 17 por día en un intercambio plasmático) mientras recibía diálisis renal cada día de por medio. Sus doctores le dijeron a ella que estaban haciendo todo lo que podían y que existía un 50% de probabilidad de recuperación. Mientras tanto, ella debía abstenerse de cualquier actividad que pudiera causar sangrado, hasta de usar hilo dental.

A finales de Enero, el reumatólogo de Meghan recomendó un tratamiento prometedor que era ofrecido en el extranjero. Su condición mejoró con este nuevo tratamiento. Meghan salió del hospital después de 89 días y 987 transfusiones de sangre.

Ella continuó con las diálisis ambulatorias por varios meses. Los doctores pensaban poner a Meghan en la lista de trasplantes de riñones, pero ella los sorprendió a recuperarse completamente. “Los donantes de sangre le dieron a mi cuerpo el tiempo que necesitaba para mejorar,” dijo Meghan. “Sin ellos, mi cuerpo hubiera colapsado.”

Meghan completó su carrera a tiempo en la Universidad Westmont en Santa Bárbara. Hoy, ella trabaja en el área de la salud y disfruta cada día al máximo. Ella y su esposo, Ray, viven en Phoenix.

 

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